Spoiler del final

Hora de escribir un post corto: El Blug está muerto, no sirve, no lo volveré a tocar…pero estaba pensando que tal vez es momento de nuevos aires…

Ya no estamos en Mayo del año pasado, cuando registraba más de 70 visitas por día (aun cuando no escribía), el blug ya no es el mismo, lo quiero mucho pero ha llegado a su fin.

Pero supongo que tengo una buena noticia (al menos para mí). He creado un nuevo blog en mi mente, pronto lo publicaré en mi plataforma social más concurrida, así que si aun les importa (o en alguna vez les importó) lo que escribía… behold!

Hasta entonces, gracias por leer mi crap.

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Tomé el bus ruta N°28, de placa VG-1718, desde el cruce de Sucre con la Av. Bolívar a eso de las 9:50, como se ha hecho habitual estas últimas noches, debido a que mi novia vive muy cerca a ese paradero. Fue un día ameno, nunca en mi vida había visto 3 películas en un mismo día y además participé en su recuperación de un fuerte dolor (lo cual me hizo y hace sentir ligeramente útil).

Continuando, iba en el bus, lleno de gente que ni me permitía avanzar de la puerta, cuando recordé que llevaba tiempo sin escribir y me entraron ganas de escribir un relato. Se iba a titular “Necrofilia” e iba más o menos así:

Contemplé la debilidad de su mano soltar la copa, con mi mejor champagne en su interior, mientras su cuerpo caía como un costal hacia el suelo. Me cercioré de que su organismo había asimilado el veneno y sentí que el día estaba por empezar.

Pero mientras iba en eso, noté que era estúpido y me sentí totalmente frustrado al ver que no iba a poder idear algo mejor. Miraba por la ventana mientras recordaba el post de un amigo cercano a mi, sintiendo algo de envidia de su joven talento y de lo desgastado del mío (nótese: detectado mal uso de gerundios), cuando de repente recordé que en las épocas de cole me jactaba de ser buen escritor, lo suficiente como para crear un blog reconocido en todo el país, que ganara premios y el cual la gente revisara periódicamente. Lo inscribí, incluso, en un concurso, en el cual obtuve 13 jugosos votos, siendo así el penúltimo puesto. Nada mal, aunque me ganaban un montón de blogs amixers. Me reí un poco y me dije a mi mismo “wow, siempre he querido llegar lejos”. Creo que en parte es mentira, tal vez solo soy de esas personas que buscan atención desesperadamente; nunca reconocí mi talento como escritor, pero admito que me gustaba que me dijeran, de vez en cuando, que lo tengo, que lo tuve.

Más gente abordaba el bus y yo había logrado hacerme camino al medio del mismo, veía como otros se sentaban, como bajaban 2 personas y al instante subían 3 o 4. El sitio se hizo un infierno y me apunté la placa del auto en mi celular, por si me moría asfixiado y alguien deseaba saber quién había sido el maldito que había lanzado mi cuerpo inerte en plena avenida Universitaria. Estoy exagerando, pero me parece cómico que una self-joke me la tomara tan “a pecho”. Frente a mí estaban dos personas, una mujer gorda de unos cuarenta y pico años y un joven de veintitantos que usaba una camisa negra con un bordado de “Lumix” y “Saga Falabella”, lo cual me hizo deducir que trabajaba en Ripley (bromeo de nuevo)(no puedo creer que aclaré eso)(no, no creo que seas[sean] idiota[idiotas]). Este segundo, el joven de Ripley con peinado de tiburón, me hizo recordar lo mucho que deseaba un trabajo hace unos 3 o 4 años, para comprarme todas las cosas que deseaba y de como cambió totalmente mi percepción luego (es decir, ahora) que quiero un trabajo para ayudar a mis padres a pagar mi caro mantenimiento.

Al pasar unos minutos, el joven Lumix se levanta para bajar y, automáticamente, una mujer gorda que acababa de subir me intenta arrebatar el asiento por el que tanto había esperado. Creo que la mujer que estaba a su lado notó el susodicho acto de injusticia y por ello realizó un movimiento que tuvo doble acción: facilitar mi entrada y dificultar la de Moby-Dick humana. Para colmo de alegrías, la mujer pronunció la oración más bonita que un desconocido me había dicho en un bus, “joven, pase”. Mis ojos se iluminaron y mis pies dieron dos tirones de alegría hasta poder ocupar el asiento, mientras me deleitaba viendo el sudoroso rostro de Doña Tremebunda, quien bajó aproximadamente 10 minutos después.

Gracias a mi nueva posición, pude apreciar mejor mi vista desde la ventana indiscreta (cito nuevamente el post de mi amigo [nunca te lo he dicho porque soy celoso, pero sí creo que escribes mejor que yo y creo que tu blog está subestimado]) y noté con más precisión la oscuridad del cielo. Por alguna razón que desconozco, mis ojos recrearon la escena en la cual me encontraba recostado en el suelo mirando el cielo por la gran ventana de mi cuarto. Eso fue el 7 de octubre del 2010, aproximadamente a las 19:20, cuando lloraba la pérdida de mi amadísima mascota felina, cuyos ojos aún me vigilan en las noches y cuya presencia espiritual me es imposible ignorar. Regresé del recuerdo para notar que Kiry ya nunca volvería y que ahora debía concentrarme en Maki, mi nuevo acompañante felino, cuya salud depende de mi preocupación y a quien no puedo defraudar en memoria de quien defraude esa helada noche llena de momentos emotivos. La presencia de Maki es, para mi pensamiento infantil, una oportunidad de pedir perdón por no luchar más por la salud de Kiry, a quien estoy seguro nunca podré dejar de extrañar ni pedir perdón. Ella es dueña de muchas de mis lágrimas nocturnas y recuerdos gratos.

Alcé mi mirada y leí el cartel luminoso del bus, decía “S.M.P. – Barranco”. Cada vez que pienso en Barranco, recuerdo lo mucho que le debo a Víctor por enseñarme tan precioso lugar y por los graciosos recuerdos, además de la buena música que presencié en vivo, de grupos que desconocía y que se hicieron rápidamente queridos por mí.

No obstante, yo era el único detenido en el tiempo, pues el bus seguía su camino y, tras recuperarme de mi trance psicológico, noté lo mucho que había avanzado. Pasamos al costado de un pequeño bar cuando recordé la noche de mi último día de colegio, donde un número reducido de mis compañeros me invitaron a “La Calera”, un bar clasemediero frente a MegaPlaza a pasar el rato juntos. Accedí porque era un solterón aburrido y porque sentía la necesidad de acompañarlos y estar acompañado. Pasaron pocos minutos hasta que todos nos reunimos y pude notar lo mucho que se emborrachaban, recuerdo que me insistieron tanto por que tome un vaso de cerveza que me vi obligado a acceder. Felizmente solo fue uno, me disgusta ese sabor, pero debo admitir que el rato fue en extremo agradable. Gracioso más que nada, nunca había estado con un grupo de gente borracha.

Las noches en La Calera se repitieron un par de veces más hasta que el grupo se dispersó, por motivos de universidad o simplemente de descuido, la verdad no lo sé, pero hace poco me invitaron a una parrillada (para el 5 de febrero) y estoy considerándolo. El camino siguió y mis ojos estaban plantados en la carretera, en búsqueda de más recuerdos excitantes. Sin embargo, llegamos al cruce de Alfredo Mendiola con la Universitara y mi ambiente entretenido se tornó tétrico. Saqué el celular de mi bolsillo y lo coloqué en mi morral, pues recordé que fue ahí donde me robaron el aparato sin que lo notara siquiera. Aquel dispositivo no valía absolutamente nada en el mercado actual, pero tenía todos mis mensajes de texto desde que empecé a cortejar a mi actual novia y de un poco antes de ello incluso, incluyendo un bonito adorno que ella me regaló. La cólera fue inmediata, pues algo que probablemente fue vendido en 50 soles valía millones para mí. Por si fuera poco, ese era el sitio donde me bajaba para dirigirme a la casa de mi ex novia, por lo cual también me gané el pase de los recuerdos de todo el daño mutuo que nos hicimos (aunque, gracias a ella, aprendí de mis errores a ser mejor persona… o eso espero ser).

Poco más adelante, pasamos por Plaza Vea, paradero en el cual me bajaba para ir al colegio. Con mi horrible casaca de promoción, que parecía ser de un chef negro y que ahora no me parece tan horrible, hasta podría decir que me guste y que, probablemente, ya no me entra como antes. Tuve un recuerdo rápido del último día de clases, en el cual, imitando a las barras bravas, nos dirigimos todos los integrantes de la promoción haciendo bulla a las puertas del colegio, donde los más avezados empezaron a reventar los estrictamente prohibidos cohetones de año nuevo, lo cual casi nos gana un problema para ingresar, problema que se mantuvo incluso poco tiempo después de acabadas las clases.

El tráfico prolongó un poco mi llegada a la municipalidad de Los Olivos, pero, una vez ahí, recordé algo que admito extrañar de corazón; es bien sabido que tengo talento nulo para todo instrumento musical que poseo en las manos y que mis habilidades musicales son tan escasas como mi musculatura, mas, a pesar de estos defectos, un amigo mío llamado Julio me invitó unas cuantas veces a acompañarlo a un estudio, dos de las últimas veces fueron con el autor del anteriormente mencionado blog, Gonzalo. Ambos tenían marcados talentos musicales para la poca experiencia que poseían (Julio en la guitarra y Gonzalo en la batería), mientras yo era un enclenque sosteniendo un bajo, el cual muchas veces me avergonzaba hacer sonar. Sin embargo, a pesar de mi pésima tocada, el grupo seguía disfrutando del momento y yo amaba eso. Amaba saber que incluso donde no encajo podía encajar por el simple hecho de estar rodeado de mis amigos, supongo que eso es de lo que se trata, de todas maneras.

Me sonreía mientras el bus seguía su camino por una pista ya totalmente despejada, permitiéndose alcanzar altas velocidades. Las caricias del viento y las “ricas salsas” de la radio del conductor (las cuales nunca había apreciado hasta hoy) me arrullaron y desperté un par de paraderos más al fondo de lo debido y mientras caminaba de regreso tuve el último flashback de la noche, cuando recordé que alguna vez hubo vegetación en ese gran espacio lleno de tierra y orina, siempre me pregunté qué había pasado con todas las plantas del sitio, le daban un ambiente campirano a la carretera, lo cual me agradaba.

Regresé cansado a casa sin hacer ruido, todos estaban ocupados, así que no notaron mi entrada. Pero, al entrar a mi cuarto, encontré a mi hermana dormida junto a Maki, a pesar de que ella me dijo una vez que odiaba a los gatos y que mantuviera a Kiry lejos de ella. La partida de mi pequeña nos movió a todos, sé que la extraño más que cualquiera en esta casa porque nuestra relación era casi de padre-hija, pero el hecho de que la casa no es lo mismo sin ella es irrefutable y ahí estaba mi hermana, acompañando a mi gatito, extrañando a nuestra anterior mascota a quien ella creía no querer, pero en el fondo sabía que era parte de todos y que se fue muy pronto. Mucho más pronto de lo que todos esperábamos.

Se despertó y sin decir mucho partió. Sentí la obligación de escribir todos los recuerdos de hoy, pues he notado que mi vida ha sufrido un gran “F5”, que todo ha vuelto a empezar y a pesar de que hay muchas cosas que ya no volveran, hay otras que están empezando de nuevo. Mi novia, mi Maki, mis amigos, todos aquellos involucrados en mi vida son mi nueva preocupación, mi nueva vida y les debo dedicar todo de mí, pues sé que dependemos los unos de los otros y que gracias a ellos soy lo que soy. Un escritor que escribe sin habilidades, un padre sin hijo humano, un adicto sin drogas y un aburrido que entretiene.

Quien lo diría, hay muchas almas en mi vida.

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Nostalgia

Como palabras sordas,
que son lo que son,
grito al cielo un nombre
y hago peticiones egoístas
mientras entrego mi voz al abandono.

Deambulo en un mundo perdido
que me ofrece soluciones inútiles
mientras desea verme desvanecer
en uno de los vicios más inútiles.
En uno
o muchos de ellos.

Mientras los buenos tiempos
se hacen más inconseguibles,
una y mil canciones pronuncian mi egoísmo
comprendiéndolo y criticándolo.
Culpo a mi estado mental.

Un perfume no me ayuda,
un perfume me ata al colchón,
un perfume me invade,
un perfume no me deja olvidar,
un perfume me quiere matar.

Un martillazo en mi pared
se reproduce en un sinnúmero de ellos
uno y mil martillazos…
No me estresan,
me comprenden.

La imagen de tu ser se maximiza
hasta cubrir toda mi visión
y aunque no puedas venir a mis brazos,
desearía que me visites una última vez,
aunque sea ciega.

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Gato ciego

Hombre alto y de piel ligeramente oscura sonríe sarcásticamente ante las injustificadas pero reales lágrimas de un mujer de edad similar a la de él quien lo acusa de un crimen que solo ocurrió en su cabeza. Antes de estallar en ira, el hombre ha descubierto que peor que los puños y las patadas es una par de palabras las que pueden arremeter contra la integridad de una persona al punto de desear simplemente no estar ahí.

Mientras se da este suceso, hay un duende en la cocina que se encarga de comer todo lo que encuentra en la basura, porque la comida le parece muy obvia y su oficio es andar en la discreción. Piensa que nadie le presta atención a la basura y su desaparición es incluso confortable, por ello está feliz obrando conociendo que no se tomarán represalias y podrá volver cuando se le antoje un bocado de esa suculenta porquería.

A su vez, una dama grita extasiada mientras se divierte con otro niño, que al parecer es su hermano menor, jugando a los videojuegos con distancias milimétricas entre los ojos y el monitor. Al lado de ellos, un par de aburridos fantasmas discuten lo mal que uno de ambos está jugando y se ríen de algunos fracasos mientras desearían poder jugar ellos también, pero por desgracia su naturaleza imperceptible no les permite formar parte nada.

El ambiente, entre tanto, se vuelve oscuro y solo se oye un sollozo. Flores caen del techo en la imaginación de este último individuo, mientras que sus temblantes labios pronuncian versos de una canción interpretada alguna vez por Ray Charles. El espacio se llena de una nostalgia extraña y now i need a place to hide away es lo último que se escucha antes de que el sollozo se convierta en un incontenible y sonoro llanto. De repente, la ventana próxima a él se abre aparatosamente y, antes de lanzarse al abismo, el individuo pronuncia una petición de redención, pero nadie oye nada hasta que el cuerpo revienta contra el inevitable suelo, donde todos, incluso el duende, al fin notan que cerca a ellos, pudieron evitar tener en casa un fantasma más.

Y todo frente a los ojos de un gato ciego.

 

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El fotógrafo

Cuando estoy mal, cuando bien, cuando emotivo, cuando efusivo, tomo aquella vieja cámara que robé de la habitación de mi padre antes del incendio y salgo a fotografiar.

Incendio. El incendio se llevó muchas cosas en realidad… mi casa, mi familia, incluso mis libros viejos, entre los cuales, el primer ejemplar del “Exorcista” de W.P.B. que compré en uno de esos días de rutina por Amazonas, allá por el centro.  Recuerdo amar ese tipo de literatura y la de Poe… oh, Poe era un genio en todo lo que hacía, al igual que mi padre. De hecho, esta cámara la hizo él, es muy especial aunque un poco tramposa porque usó piezas de distintas cámaras que tuvo. Era tan gracioso, pensar que la hizo por pura tacañería y tengo ahora una obra maestra entre manos.

El día del terrible suceso o, mejor dicho, la noche, recuerdo tomar el primer bus que pasó frente a mí  sin importarme a dónde iba, con aquella cámara en el morral que acababa de comprar. El carro iba vacío y a mucha velocidad, terminé en su último paradero y bajé. Era un sitio similar a Barranco, probablemente lo era, la verdad es un recuerdo muy difuso… un recuerdo en llamas, paradójicamente.

Me senté en un puente que daba vista al mar, no me eché a llorar porque la vista era una gran distracción, pensar que todo estaba perdido era imposible frente a tantos sentimientos encontrados. Las olas rompían al unísono con mis latidos cardíacos y mis ojos parpadeaban al compás de la marea, era un universo bello en la situación más nefasta.

Una bella muchacha se aproximó a mí y, sin preguntar, se sentó a mi costado. “Fish in the sea, you know how i feel”, empezó a cantar. La miré extrañado y a la vez impresionado, Feeling good era una de mis canciones preferidas y su voz encajaba perfectamente a como me sentía. No pensé y, por ello, no dudé en preguntarle si me acompañaría a caminar al lado del mar, ella aceptó con una brillante sonrisa que llenó de estupor mis pensamientos.

Mientas caminábamos, volvió a cantar “It’s a new dawn, It’s a new day, It’s a new life. For me…” Pausó, me miró, comenzó un llanto ligero e hizo un grito melodioso: “And i’m feeling good“. Mi piel estaba helada y mis piernas temblorosas, esta chica era la fusión de mi confusión y el mar… personificados. La abracé y le recité unos versos de la canción que tan afanada la tenía: “Stars when you shine, you know how i feel“. Tras ello, se alejó de mi suavemente y me dijo: Toma la foto que deseas, no importa. Recordé entonces la vieja cámara y recordé que la tenía, leyó mi mente y mis deseos pero no me asusté; tomé el artefacto y lo preparé, apunté y el flash envolvió la zona.

Cayeron las estrellas como entidades diminutas y las olas nos envolvieron. Estábamos en un paraíso, ese era el lugar al que yo pertenecía y la vieja cámara me había llevado. La chica me miró con amor y me incitó a acercarme. A paso lento y contemplando mi entorno, obedecí estupefacto. Los delfines tenían alas y de repente… el flash se disparó sin previo aviso. La dama se evaporó, el mar cayó sobre mí y mi entorno era mi habitación. Toda el agua, repentinamente, se volvió fuego.

Comprendí inmediatamente que estaba en medio del incendio del que supuestamente era víctima toda mi familia menos yo, me imaginaba fuera cuando yo era la única víctima. Esta cámara no la robé, el techó cedió y me cayó encima. Escucho gritos fuera pero nadie puede venir por mí. ¿Las posibilidades de morir me habían hecho alucinar? No importa morir, he visto mis sueños y he sentido lo que deseaba. Reviso las fotos de la cámara en el negativo del rollo y encuentro aquella de la preciosa dama entre ellas, todo parece irreal pero no importa… cause “I’m feeling good“.

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Esquizofrenia.

(6) Encendí la luz para ver mejor lo que ocurría en mi entorno cuando pude avistar lo que esperaba. Su cuerpo estaba en inerte, no más sonrisas ni paseos al atardecer, había asesinado a la persona que amaba. Los ataques de locura me invadieron rápidamente, gritaba de horror mientras me limpiaba las ensangrentadas manos con mi espesa saliva. Después de un rato, sonreí. Me levanté a contemplar mi obra de arte, noté que no había hecho mal, su belleza había sido capturada por mi crueldad bien justificada; ahora que vestía un traje psicodélico con mezclas carmesí, supe que su muerte era mi más grande obra de arte.

(1) Claro que recuerdo ese día, había esperado toda mi vida para casarme con ella y por fin estábamos ahí. “Sí, acepto” dijo con una voz encantadora y una sonrisaa que me comía lentamente, pero algo no estaba bien. Todas esas miradas, todos ellos se mostraban inquietantes, acosantes, envidiosos. Cuando terminó la boda, le dije que escapáramos por la parte trasera. Extrañada, me preguntó por qué huíamos de nuestros familiares y compañeros y le dije que le tenía preparada una sorpresa, pero que para ello debíamos pasar a mi taller.

(7) Orgulloso, me siento orgulloso de mi obra. Pocos son los hombres que conocen el verdadero significado del amor, todos creen que pueden permitir que otras personas posen sus ojos en sus parejas por algo tan estúpido como al “confianza en el amor del otro”. ¡Patrañas! Los seres humanos somos imperfectos, si no conservas contigo a tu pareja entonces esta se fija en otros seres, el amor eterno solo puede ser capturado en un instante y qué mejor que en la belleza pura e infinita de la muerte. Yo la asesiné porque solo así me pertenecerá para siempre, mi amor, por fin estamos juntos para siempre y nadie se interpondrá. Te vez muy bella con esa mirada perdida que me incita a darte el beso más profundo de toda nuestra historia.

(3) “Te noto extraño”, me dijo con esos ojos hambrientos. La miré y le dije que tenía en mente la obra de arte más perfecta de todas las que he realizado y claro que la tenía. Entusiasmada, me preguntó cuál era el plan y le expliqué que nos hallábamos en la situación perfecta. “Para mi siguiente trabajo, ese vestido blanco quedará bien”, le dije con efusivo entusiasmo, pero a ella le preocupaba que terminara manchándose, pues aún debíamos ir a la fiesta. Ella siempre piensa en todo; no obstante, precisaba que vistiera ese vestido, por lo cual insistí hasta que accedió.

(4) Me puse el traje con el cual siempre hago mis pinturas, ella se colocó en la posición que le indiqué y me pidió, con mucha delicadeza, prisa. Retrataba su belleza cuando recordé las miradas acosantes y envidiosas. Retrataba su belleza hasta que noté que no podía compartirla con nadie más. ¿De qué me serviría esta pintura? Ella está posando para mí, apuesto a que lo haría para cualquier otra persona. No me falta confianza en ella, pero todos somos seres humanos, asquerosos seres humanos que se dejan llevar, tal y como se dejó llevar por mí para huir de la tan ansiada reunión. “Quiero ser el único que retrate tu belleza”, le susurré con el cariño que se merece.

(2) En realidad solo quería alejarla de esos repugnantes seres envidiosos. Podía sentir sus deseos de violar su pureza, que me pertenece solo a mí. Sentí la necesidad de capturar la esencia de su hermosura solo para mí, en un retrato brillante con su atuendo nupcial. Una vez finalizado el cuadro, estaría seguro que era solo para mí.

(5) No me respondió con más que una sonrisa. Me aproximé hacia ella por detrás y confirmé lo que pasaba por mi mente. Descubrí entonces cuál era la verdadera forma de capturar su belleza solo para mí. Por unos instantes me vencía la incertidumbre, hasta que lo decidí, saqué una navaja de mi traje y estuve a punto de retratar su figura en la eternidad, pero se alejó. Una parte de mí se sintió aliviada, pues noté que no era yo él único que desconfiaba del otro. Trató de huir pero la atrapé y la atravesé múltiples veces, sin descuidar ni un solo lugar. Atravesé, con el objeto, todo lo que pude sin dañar su bello rostro.

(8) Me perteneces ahora. Nadie más te mirará, pues no saldrás de aquí. Nadie más te deseará, pues estás irreconocible, pero no te preocupes, sigues muy bella. Nadie más te alejará de mí, porque tu belleza es ahora mi más grande obra de arte.

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Seis de diciembre, Uno de infinito.

Llevo bastante tiempo sin saber qué escribir y creo que hoy es un buen momento (o un buen día) para reingresar este blog al mundo de la actualización. Hoy es 6 de diciembre del año 2010 y quiero escribir una pequeña carta a una persona especial.

A mi queridísima novia:

Han pasado ya casi 4 años desde que nos conocemos (si no los han pasado ya, la verdad no manejo fechas exactas) y aún me sorprende el hecho de que nuestra amistad solo evolucionara con el tiempo a llegar al punto de ser lo que somos ahora, muy al margen de todas las barreras que se nos pusieron en frente, hasta darnos cuenta que, en realidad, estábamos enamorados. Incluso podría decir que me resulta bastante gracioso voltear la cabeza unos años atrás y ver que iniciamos siendo personas muy distantes, es más, la última vez que lo hice (y de lo cual escribí un post) me di cuenta que todo empezó, como dirían, “en nada”.

¿Qué puedo decir? Tenemos una comunicación casi perfecta; te he contado de todo y me consta que has hecho lo mismo, supongo que hoy, a pesar de ser un día especial, no diré lo mismo que siempre he dicho, pero que nunca cambia: Te amo.

Antes de ayer te comentaba algo que llevaba bastante tiempo queriéndote decir, supongo que hoy lo puedo subrayar para que quede más claro… Quiero pasar el resto de mi vida enamorado de ti. Sé que es algo apresurado hablar de un futuro que solo la muerte puede terminar (en términos físicos, pues sé que, tras está vida tan corta, nuestras almas encontraran la unión eterna), pero quiero que sepas que eres la persona con la que quiero compartir lo que me resta de vida. Te dije que quería vivir enamorado de ti, que me daba cólera que las personas que se casaban olvidaban por completo lo que era vivir como pareja porque pensaba que ya habían llegado al punto máximo de una relación. Quiero tener citas contigo siempre, quiero que nos sigamos riendo de cosas sin sentido, quiero que nuestras peleas sigan enseñándonos que en la vida todo tiene solución, quiero seguir amándote un poquito más cada día que pasa. Y, sobre todo, quiero mantener la comunicación tan especial que tenemos, corporal y espiritualmente hablando.

Había dicho, además, que no me gustaba darle mucho énfasis a la celebración mensual de una relación, porque sentía que, en la praxis total del amor, todos los días son especiales. Sin embargo, debo poner un poco más de énfasis a este primer mes por una razón en especial. Sucede que he vivido muchos meses en mi vida, 201 aproximadamente, pero este marca una diferencia bastante curiosa por la cual estoy a punto de agradecerte.

Me siento especial. Sé que no debería ponerme nada sentimental porque es un día feliz, pero creo que no puedo evitar sentirme así. Esta faceta de nuestra historia empezó el 27 de marzo del presente año; ese día, cuando te dije que me gustabas, sentí un terror extraño. Tenía miedo de no ser correspondido, de que te merezcas algo mejor o, en pocas palabras, de no ser suficiente. El 6 de noviembre, cuando me aceptaste como tu pareja bajo los términos de una relación eterna, me sentí realmente especial. He sido aplaudido por públicos grandes, he recibido el cariño de muchas personas, he sido premiado y me han elogiado muchas veces… pero tú, Kiomi, me enseñaste lo que significa realmente ser especial. Te agradezco infinitamente por hacerme sentir valioso, importante, feliz.

Wow, en realidad habría mucho que agradecer, dudo poder plasmarlo todo hoy, pero al menos quiero que el párrafo anterior sirva de “resumen”.

Para hoy tenía pensado regalarte una manualidad que vi en el poderoso internet, pero supongo que no podré terminarla aún, es más difícil de lo que creí. Por otro lado, mi letra es bastante fea así que este medio es más cómodo y mis dibujos son bastante horribles y lo que yo quiero es conmoverte, no causarte un ataque de risa masivo como la última vez que dibujé algo para ti (aunque fue divertido, sigo sin ver la lanza en ese dibujo).

Bueno esta es la parte en la que siento que tengo un montón de cosas que decirte y empiezo a llenar el post hasta que me queda súper-extenso. Mejor me guardo todo lo que quiero decir para cuando nos veamos, le da un toque de especial. Feliz (porque siento que es feliz) primer mes siendo novia de este demente, Kiomi, prepárate para soportarme por el resto de tu vida porque este solo es el comienzo de una bonita relación.

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Lima está vacía sin ti.

Tiendo a minimizar las cosas.

En realidad, todo es parte de un plan maestro,
muy bien elaborado,
pero, sobre todo…
minimizado.

Lo curioso es que, a veces, tengo muchas cosas en mente.
Quisiera poder plasmarlas…

t o d a s .

Pero los años no ayudarían. Sí,
años. Por ello…
tiendo a minimizar las cosas.

Pero, minimizar no hace las cosas souәɯ importantes.

Es más…

Minimizar es un tributo,
minimizar es maximizar,

maximizar las cosas a p a r e n t e m e n t e pequeñas

para encontrar su verdadera grandeza.

Minimizar lo grande.
Maximizar lo pequeño.
Al final, lo pequeño no es realmente pequeño

Las personas son ciegas.

minimicemos.

Ella es todo.

Ella está en todo.

Ella está en mí.

MAXIMICEMOS AHORA.

Me siento vacío sin ti.

Mi entorno es vacío sin ti.

Lima está vacía sin ti.

No he hecho nada.
Erré al inicio.
No puedo minimizar la inmensidad,
pero sí es maximizable.

Definitivamente.
Lima está vacía sin ti.

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Surreal.

Surreal – Leonard Zelig

Bueno, empecemos esto como siempre y terminemos como nunca. ¿O empezamos como nunca y terminamos como siempre? Como sea (y lo que sea), ahí va.

Nos conocimos hace mucho como personas normales y distantes. Nuestras conversaciones se limitaban al chat virtual, probablemente sin mucho intercambio de palabras. En esas épocas, escribíamos con “XD”, tenías (y aún la tienes, eso es admirable) una mejor amiga a quien llamabas/llamas “gemela”, tenías 12 años y yo casi 14, no sabía dónde vivías y te llamaba por un seudónimo.

No sabía si tenías pareja o no, yo sí la tenía, ella fue una especie de conexión entre los dos. Empezamos hablando poco, yo en realidad no confiaba mucho en mi habilidad de hacer amigos y por eso pensaba que no llegaría a ser muy importante para ti. Cuando cumpliste 13 yo aún tenía 14, ya a los 13 años te hiciste más amiga mía. Ahora sí sabía más de ti, de tu novio, de la diversión . El “XD” seguía vivo y yo escribía como un horrible, el único gran cambio es que nuestras conversaciones se hicieron más fluidas y más frecuentes. Poco a poco, nos fuimos estimando el uno al otro.

Creo que sobra hablar de mi historia a los 14 años.

Nos hicimos muy buenos amigos, al punto de ser “mejores amigos” o algo por el estilo. Cada día me sorprendía un poco más como alguien que empezó siendo una simple conocida se volvió una amiga tan importante, tan confiable y, sobre todo, tan genial. Tenías 14 y yo 15 cuando ganamos mucha confianza. Seguíamos usando el Hi5 y yo ya estaba por empezar de nuevo con mi historia de 14 años; tú, por otro lado, vivías un enamoramiento feliz con un chico al que nunca conocí.

Mi cumpleaños 16 fue especial, empezaba el quinto de media dentro de un mes y me diste un regalo que me recordaba lo viejo que me considerabas, lo cual era gracioso y conmovedor… y dañino para mi autoestima de jovensito. Me regalaste una carta que aún conservo (como tesoro), parece que hubiera sido hace mucho más tiempo, pero en realidad el tiempo pasó muy lento el 2009. El “XD” ya era “xD” y mi escritura era ortográficamente más comprensible. Digo, ya no más “kien”, “zee” ni “xvr”.

Ya por este año tan terriblemente largo, estabas con otro chico. A este chico, debo admitir, lo odio casi tanto como tú lo odias. No entraré en detalles, solo diré que lo odio.

(Lapsus, me quedé viendo fotos antiguas)

No entraré en detalles del 2009, pero no era exactamente el año que debió ser. Ambos somos almas gemelas, para entonces debimos notarlo, pero nos encerramos con las personas equivocadas. Corrijo… no nos encerramos, quisimos creer que estaba bien y nos dejamos encerrar. Sufrimos, sufrimos mucho, lo suficiente como para escribir un libro, nos equivocamos en muchas cosas. Estábamos juntos y lejos; nos teníamos el uno al otro, pero no del modo correcto.

Aprendimos mucho del 2009, nos dolió pero creo que ya no caeremos en errores pasados. Lo dije antes, soy malo resumiendo, pero lo hice lo mejor que pude. Nuestra historia es extensa y confusa y un tanto lejana, pero es hora de entrar al 2010.

Muchas cosas terminaron el 2010, muchas cosas que no debieron pasar, tal vez. Este es un año curioso. Lo inicié soltero y tú al borde de lo mismo. Cuando te libraste de tu peor enemigo, solo nos tuvimos el uno al otro para consolarnos. Un videojuego casual, un helado en las tardes, mensajes de texto por doquier. Perdí mi Alcatel Blackberry-wannabe pero conseguí otro celular mucho más simple, lo suficiente como para seguir “mensajeando”.

Me enamoré mal. Aunque esa expresión de “mal” no encaja bien, en realidad todo el tiempo estuve enamorado, pero recién decidí hacer algo que debí intentar mucho antes. Cojudo, ¿verdad? Es como que Dios me pone la otra parte de mi alma frente a mí y yo me doy todo un paseo antes de notar lo inevitable. Ahora puedo decir que me enamoré bien; sí, esa expresión no existe, pero igual la diré: Me enamoré bien.

27/03/2010. Hablando de fechas importantes, esta es una de esas. Solo había tenido una enamorada en toda mi vida, no tenía ni la más mínima idea de cómo confiesa uno su amor por otra persona, pero supongo que todo lo que hice fue juntar mi espíritu en mis labios y soltar palabras sinceras cuando tuve tu oído a la par mía.

Me gustas.
Quiero estar contigo.

Lo gracioso de esta parte del relato, es que ese chongo de poner el alma en los labios no sirvió de mucho. En realidad, lo hice bastante mal. Le regalé un peluche, la hice sentir bien y luego fui egoísta. No pensé que recién habían pasado unos meses desde que terminó su relación anterior. Pero, a pesar del contexto, no me siento culpable; es más, agradezco haberlo intentado. Se quedó callada, se fue sola a casa y me perdí en mis pensamientos. Rodeado de un paraíso friki, dicho sea de paso.

Pero lo mejor vino después, en la madrugada del día siguiente, cuando mi universo de ser el típico fracasado probó un sorbo de felicidad. La misma chica que se había quedado callada y mensajeado su tristeza de no sentirse correspondida me decía que en realidad este sujeto también le gustaba, pero que solo podría funcionar esperando un tiempo. Y este sujeto, obviamente, se ofreció a esperar todo lo que fuese necesario.

Un pequeño stop. ¿Qué tiene de malo esperar? El error más común en los jóvenes de hoy es que la mayoría piensa en relaciones al paso. Yo quería que esto fuera para siempre y si iba a ser así, esperar un año o dos o lo que fuese no tenía nada de malo. Si tienen que esperar, esperen. Dicho esto, continuaré.

Pasaron los meses y yo seguía esperando.La Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas se volvió mi segundo hogar; a la par de mis estudios ahí, continuaba una vida amical activa con mi persona favorita. Le regalé un pandita y una carta por su cumpleaños, no lo olvido porque me enamoré de ese panda cuando lo vi.

Nuestros problemas se fueron disipando y yo sentí que estábamos bien. A veces dudaba de si ella estaba enamorada de mí y mis amigos tampoco me daban muchas esperanzas, pero yo quería creer que pronto la situación cambiaría. Aunque a veces me sentía muy solo y algo deprimido.

El 07/10/2010, a las 18:53, me di cuenta que estaba equivocado. El fallecimiento de Kiry fue un golpe bajo en mis partes íntimas, casi literalmente. Todo me parecía horrible y tenía ideas muy negras (sin alusiones racistas) sobre mí. Me fue muy mal, pero ese día me di cuenta a la mala que no estaba solo. Kiomi estuvo conmigo en todo momento, me quiso y me aceptó aún cuando yo solo me quejaba, aún me quejo de todo y me odio por eso.

Nunca estuve solo, ella nunca lo permitiría y por eso la amo.

Wow, no me había puesto a pensar seriamente en todo esto. Ahora sé cómo se siente toda esa cosa de “lágrimas de felicidad”. Las personas somos ingratas, no nos damos cuenta de lo que tenemos. Yo creo que he encontrado lo que buscaba. ¿O ella me encontró a mí?

El 06/11/2010, nos encontramos el uno al otro. El momento que debió pasar desde un inicio pasó al fin. Los problemas se volvieron mierda y las sonrisas invadieron todo el ambiente. Supongo que ya es hora de dejar el tiempo pasado. Mi novia es perfecta y la tuya no, jojolete. Está bien, no era exactamente lo que quería decir.

Los días subsiguientes han sido todos bellos, sin discusiones ni nada, tampoco es que haya pasado mucho, pero han sido días tranquilos. El 15/11/2010 pasó algo especial que opaca mi concepto de felicidad. No creo poder describirlo así que… bueno, ahí va:

La puerta se cerró
y se llevó consigo a todos los personajes del exterior.
Un abrazo,
Un “te amo”
y una canción.

Una canción cuya melodía desconozco,
una melodía indescriptible,
cierro los ojos,
sonrío
y despierto en otro mundo.

¿Lo hice bien? Supongo que no. Pues jódanse, yo lo entiendo y lo demás me vale.

Bueno no tanto así, ¡los quiero mucho, sigan leyendo mis craps! Pero soy algo egoísta, así que no puedo contar las cosas tan fácilmente… Dejemoslo en poesía mal estructurada y un mal intento.

Creo que esto es la crónica de todo lo vivido hasta hoy. Creo que estoy parcialmente satisfecho con lo escrito. Creo que debería haberlo hecho más extenso porque me he quedado con las ganas de elogiar a mi amor. Creo que debo dejar de creer y empezar a afirmar.

Mi concepto de almas gemelas ha llegado a uno de sus puntos más fuertes. Aunque leas rápido y yo lento, aunque te guste Owl City y a mi Eric Clapton, aunque yo cante mal y tu precioso, aunque dibuje mal y tu bien, aunque yo escriba muchas cosas públicas y tú te las reserves, aunque yo use twitter y tú no, aunque mi sabor favorito sea el chocolate y el tuyo la vainilla, aunque yo quiera aprender a tocar guitarra y tú el bajo, aunque yo sea de febrero y tú de mayo, aunque tengamos muchas diferencias, quiero que sepas que encajas perfectamente en el molde de mi alma. Sé que te necesito para existir y que la confianza nos mantendrá unidos siempre.

Esto ya será una carta para ti:

Estoy consciente de que esta es la parte fácil de nuestra relación. Sé que me amas y no te he correspondido correctamente y por ello te pido perdón. Gracias por darme tantas felicidades, perdón por quejare de tantas cosas siempre. Quiero que sepas que te amo, que no quiero que me veas como una persona autodestructiva y que solo deseo mejorar para ser superior a todos los horrores de tu pasado. Quiero estar ahí cuando lloras, pero quiero ser quien te hace reír más que nadie. Probablemente dentro de poco tiempo tengamos discrepancias, pero quiero pedirte que nunca te rindas. Sopórtame y ayúdame a seguir creciendo, que las peleas nos unan antes que separarnos y cuéntame siempre todo lo que te incomode tal y como lo haces ahora. Nunca te dejaré, no te defraudaré y mejor me detengo antes de sonar a RickRoll.

Te amo, Claudia Kiomi Tasato Nagahama. Acompáñame al cielo, mejor aún, llévame a él.

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El nuevo acorde.

¿Cómo escribo la felicidad? Todos los días que publico algo (o al menos últimamente) siento que mis posts tienen cierto toque de felicidad y amor. Pero los seres humanos somos sorprendentes o tal vez muy ambiciosos. Siempre que creo que no puedo ser más feliz, ocurre algo que me muestra que en realidad puedo.

Lo admito, soy muy cambiante y lo que más me gusta es que casi nunca depende de mí, amo cuando las cosas ocurren sin que yo haga grandes movimientos… y no es porque sea ocioso, simplemente que conserva su magia. Me encanta cuando pienso que las cosas continuarán su curso y luego yo seguiré con mi vida, para que luego ocurra lo contrario y me quedé totalmente sorprendido.

No hay mucho que pueda escribir hoy, todas las personas tienen distintos conceptos de felicidad y el mío se cumple todos los días cuando entablo conversaciones con mi persona favorita. No obstante, cuando nuestra comunicación va más allá de el intercambio de palabras es cuando realmente desaparece el mundo físico de mi entorno para dar paso a un universo más fantástico.

No sé cómo decir esto; creo que amo las estrellas, no las puedo embolsar para tenerlas conmigo, así que ella se encarga de llevarme hasta ahí.

Un perfume especial invade mi habitación el día de hoy; sé que nada volverá a la normalidad, que las cosas de antes ahora se desarrollarán de manera distinta. Sé que todo ha cambiado y que estoy parado una nube más arriba que antes. Sé que mi felicidad seguirá evolucionando y, sinceramente, todo esto me encanta. Son muy pocas veces en las cuales me encantan los cambios. Así que, a pesar de este mal post, debo decir que es muy especial para mí.

Mírame de nuevo a los ojos
y vuelve a susurrarme ese mágico amor,
con la voz de tus latidos
y la melodía de tu respiración.

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