Motivación #4: Introspección.

Me dio uno de esos arranques de locura y fui al cuarto de mi hermana a secuestrar su espejo grande, de esos que usan las mujeres para ver cómo les queda el conjunto que usan, para ver si están gordas o para algún otro uso que desconozca.

Recuerdo haber leído esta palabra rodear un pequeño espejo antes, en realidad era toda una frase: “Introspección, mirar durante 10 minutos”. Curioso yo, decidí poner el espejo en mi pared, colocar el cronómetro de mi celular y sentarme frente a él.

Lo primero que sentí fueron unos pequeños arranques de vanidad, pensaba que no me caería mal un corte de cabello, tal vez eso atraería a la chica que me gusta; que con un poco de ejercicio me vería más saludable; comer un poco más me haría ver más grueso, no estaría mal.

Pero luego me percaté de algo que me había dicho a mí mismo hace tiempo muchas veces, no sé si para dar pena o porque de veras lo sentía: “Rayos, sí que soy feo”.

¿Quieren saber? Después de pronunciar esas palabras me entró un arranque de risas y sonrisas incontrolables… ¡Como si eso importara! Hace unos años escuché una canción del grupo “Amén” que tenía una frase muy peculiar en sus letras, frase con la cual siempre trataba de animar a la gente que se sentía como yo me estaba sintiendo. Era algo como…

No todo es como lo ves.
El cuerpo solo es un tren,
un tren que va por la riel de la vida.

Y es demasiado cierto, no importa mucho cuánto nos esforcemos por vernos bien para alguien, de todos modos envejeceremos, de todos modos nos llegará el momento de ser feos (si no lo somos ya), así que dejémonos de vanidades por unos instantes y veamos lo verdaderamente importante en nuestros cuerpos: la mente.

La mente, el alma, el corazón, la personalidad… todos aquellos aspectos que son en los cuales realmente debemos basar todo. Nuestra apariencia física se verá perjudicada de todos modos, ¿cómo harás para que alguien te ame si lo único que le muestras es “una cara bonita”?

Tampoco es que tenga algo en contra de los cirujanos plásticos.

Regresé a la realidad y aún estaba frente al espejo. Pero me vi de una manera un poco boba, había regresado de una reunión y vestía un traje que, si bien es cierto no es elegante, era ropa que considero apropiada. Ropa linda, de esas de las cuales no tengo muchas.

Recordé la frase de mi profesora de lenguaje de la universidad cuando me quejaba de la vergüenza que una vez sentí, ella me dijo “cuando te deje de importar lo que los demás piensan de ti, verás lo feliz que eres”. Diría que en ese momento no le di mucha importancia, pero la verdad que sí lo analicé varias veces y decidí que lo aplicaría en mi vida siempre, es más, hace poco lo usé como consejo, si mal no recuerdo.

Cuando te deje de importar lo que los demás piensan de ti, verás lo feliz que eres. No me lo pensé dos veces, eramos yo y el espejo; ergo, el espejo era los demás y yo era yo. Me levanté y me desnudé por completo.

Esa figura de la que tanto me había asqueado tanto y que escondía detrás de un polo azul con la imagen de un cassette con el escrito “peace”, un par de zapatillas Nike de polvos azules, un jean negro Lee (de esos que nunca más compraré por el precio) y ese gorro a cuadros, era ahora yo.

Acerté, lo primero que hice fue enojarme con lo que veía, burlarme un poco, pero sobre todo, empecé a sentir vergüenza. Vergüenza de mí mismo a pesar de ser yo el entorno observador.

Traté de evitar un el siguiente suceso para hablar bien de mi, pero no pude: me pregunté a mi mismo “¿qué pensarían ahora de mí?”. No pude evitar pensar en lo que otros veían en mí, que era mejor esconder lo malo de físico en mí, volviendo a los pocos segundos a la siguiente frase: Cuando te deje de importar lo que los demás piensan de ti, verás lo feliz que eres.

Entonces traté de dejar de ver mi cuerpo y me miré a los ojos, empecé a mencionar todas las cosas buenas y malas que he hecho, las cosas que debo hacer, todo lo que me ha incomodado estos últimos meses… Me puse sincero y conté todo lo que tenía en mente. ¿Saben qué? no soy tan mala persona.

Después de mi emotiva conversación, con el fondo musical de To the end of the Earth, interpretada por Keane, una de las bandas favoritas de uno de mis mejores amigos, y con un poco de residuo de lágrimas en los ojos, me di cuenta que es más fácil ser uno mismo cuando se desea ser uno mismo. No se trata de solo decir serlo, es cosa de lograr serlo.

Fue una experiencia demasiado personal, sentía que todo lo que me acomplejaba ya no estaba, se había ido. Miraba al espejo y ya no veía esos defectos físicos (que no mencionaré ahora), sino veía mis ojos. Que más allá de ser café oscuro, eran otro espejo, brillante y sonriente, deseoso de compartir mi ser con una humanidad que había visto lo que creía ser.

Me sequé los ojos, me levanté, me vestí con mi pijama y tomé el celular, había pasado media hora, supongo que para alguien que se había escondido tanto tiempo toma tres veces el tiempo habitual. Devolví el espejo, me senté en mi escritorio y después de hacer un trabajo en el computador, tomé una gran decisión: Compartir mi verdadero yo para que halles el verdadero tú, date un tiempo.

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Acerca de Le'Bleu

El estridente sonido que causan los que callan es asesino.
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8 respuestas a Motivación #4: Introspección.

  1. µ♂ dijo:

    No creía eso de ti.

  2. LaResistance dijo:

    Sep.. soy yo

  3. Lacuy dijo:

    Por primera vez leo algo que escribes parece que no muchos leen, está muy interesante pero yo no lo hubiera publicado aun así bien hecho ; )

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