El día de hoy.

Unos ojos que no quieren abrirse y una computadora que muere por prenderse. Las sábanas caen al suelo y el deber motiva ligeros instintos para despertar. Los pies acarician el frío suelo y la respuesta es inmediata, los ojos se abren a su totalidad y el día empieza como la mayoría de los días. Sostiene el peso y lo ejerce contra la tierra; lentamente, da los primeros pasos de hoy. Agua en el rostro y en la extensa cabellera, lentes para un miope astigmático y nuevamente pasos. Hoy no hay desayuno, casi nunca lo hay. Nuevamente pasos, esta vez de regreso al punto de inicio, el computador es encendido e inicia una nueva faceta.

Sentado, mirada firme, manos puestas en el teclado. Escribir es su sueño, pero ese tipo de cosas aburren a cualquier escritor. Se esfuerza, el sueño ataca pero continúa; mucho llorar la noche pasada pudo dañar sus ánimos y el poder de la soledad puedo agobiar sus sentidos, pero no es momento de rendirse cuando el trabajo implica a más de uno. Es una persona ociosa y bastante desmotivada, pero si los demás tienen problemas buscará ayudarlos, aunque no tenga lo que se necesita. O tal vez simplemente no quiere quedar mal, manos sobre el teclado, manos sobre el teclado. Manos sobre el teclado y un poco de agua, música encendida y una extensa lectura. Manos sobre el teclado y fin del trabajo, fin del tiempo.

Baño breve, beber más agua, ropa limpia y audífonos encima, el día continúa como cualquiera; sin embargo, algo en un día común incomoda como nunca lo ha hecho y es justamente eso, lo común. Llaves, tres nuevos soles, ¿celular? algo extraño ocurre, el celular es apagado, el celular es aventado. No, hoy no hay celular. Zapatillas Nike negras con azul, un abrigo en mano pues el sol es engañoso. Trabajo impreso, folder rojo, cuadernos, lapiceros y una fotografía; fotografía a la billetera sin billetes pero sí con tarjetas.

Llave a la puerta, nuevamente pasos, pasos hasta el final de la residencia pero hoy no hay despedidas. Se abren las puertas, se cierran, pasos al exterior. Pasos apresurados pero desganados, pasos y más pasos pues hoy es un día de caminatas. Los pasos se detienen unos instantes frente a un nostálgico lugar. Rasgos de odio y una mentalidad auto-destructiva entran en escena. Se reanudan los pasos con el ceño fruncido, hoy no hay lágrimas, solo mucha cólera. Pasos, pasos y los pasos se detienen. Brazo alzado y frena un bus enorme, celeste y tan o más apresurado que el mismo personaje de hoy.

Toma asiento, abre la ventana y enciende el reproductor. Nadie escucha, nadie sabe lo que ocurre, solo él. Mirada al suelo, mirada al centro, mirada al exterior, mirada nuevamente al suelo, mirada perdida. Un hombre se aproxima, extiende la mano. Una tarjeta de las muchas de la billetera es mostrada y se va el primero de los tres soles; a cambio, se recibe un boleto verde, boleto a la billetera, el boleto se cruza con la fotografía, mirada fija y… billetera cerrada. Mirada al exterior, mirada cansada, mirada al suelo, mirada apagada, ojos cerrados. Transcurre el tiempo y los ojos se abren, mirada al exterior, breves instantes y las manos ejercen fuerza en una barra. Levantar y pasos, pasos en el medio de transporte hasta llegar a la puerta. Timbre, pasan segundos y el bus frena, las puertas se abren y pasos, pasos descendentes, luego pasos fijos, luego nuevamente descendentes, luego fijos, luego ascendentes, luego fijos, luego descendentes, luego fijos y luego frena. Brazo alzado, un bus más pequeño, pasos ascendentes, asiento y mirada al exterior.

Otro hombre se aproxima y se va el segundo sol, pero en retorno hay cincuenta centavos. Mirada al exterior, billetera abierta y los ojos se cruzan con la fotografía que había sido casualmente movida mientras se guardaba el boleto anterior, haciéndola visible. Nuevamente es guardada en su lugar inicial. Boleto viejo a la mochila y cincuenta centavos al bolsillo. Una tarjeta guinda es extraída de la billetera, que procede a ser cerrada y guardada. El transporte frena y pasos al exterior, pasos con la tarjeta en mano, pasos ingresando a un centro de estudios mientras la tarjeta guinda es mostrada a un hombre que ataca con la mirada hasta verla. Tarjeta al bolsillo, pasos de frente, pasos ascendentes, pasos ascendentes, pasos ascendentes y luego pasos fijos. Puerta “A-33”, pasos adentro, asiento, mochila abierta, folder rojo, trabajo impreso en manos de un hombre mayor a todos los que ocupan el lugar. Luego pasos al asiento y, por último, asiento.

Mirada poco menos perdida y dos sujetos aproximándose, hablan y obtienen respuestas monosílabas. Poco cuidado, mucha distracción y satisfacción de que alguien más les hiciera el trabajo, los dos muchachos se retiran. Audífonos al cuello y reproductor apagado. Hoja de papel en el pupitre, la palabra “práctica” inunda el aula y la mayoría se estremece. Lapicero en mano e inicia la escritura. Un aproximado de quince minutos y la práctica es devuelta al emisor. Nuevamente pasos al pupitre y asiento. Unos minutos más y todos hacen lo mismo. El hombre mayor dicta una clase, pasan un par de horas y el sujeto, junto con los demás, se levantan y se retiran. Pasos descendentes, pasos descendentes, pasos descendentes y luego de frente. Salida de centro educativo y pasos que cruzan dos pistas de distintas direcciones. Subida a un bus pequeño similar al anteriormente mencionado. Los otros cincuenta centavos son entregados a un hombre distinto. Mirada fija y nuevamente es encendido el reproductor de música, audífonos encima.

Un viaje nuevamente corto y pasos de frente, luego ascendentes, luego de frente. Se aborda un bus similar al del comienzo, celeste y largo, pero esta vez no se toma asiento. Manos en la barra amarilla y mirada al exterior. Un hombre se aproxima y extiende la mano, billetera abierta y se va el último nuevo sol, pero la billetera no está vacía. Billetera al bolsillo, mirada al exterior y ocurre un extenso viaje, casi duplicando al inicial a pesar de ser una distancia idéntica, hasta menor. Timbre, puertas abiertas y cortos pasos descendentes. Pasos de frente, giro a la derecha y pasos, giro a la izquierda y pasos, giro a la derecha y pasos, luego se detiene. Llaves, puerta, cerrar. Pasos, llaves, puerta, cerrar. Pasos, mirada a la cocina, pérdida de apetito, pasos ascendentes, giro a la derecha, pasos, llaves, puerta, cerrar.

La misma habitación del despertar, desordenada como debe y un computador que se muere por ser encendido. Asiento después de mucho, manos al teclado y una idea: escribir una crónica monótona y casi imposible de leer. Pequeña sonrisa en el rostro, mochila al suelo, reproductor apagado, audífonos al escritorio, parlantes encendidos y nuevamente música: Sorry seems to be the hardest word. Plataforma de escritura pública iniciada en el computador, manos al teclado, mirada fija, recuerdos felices y tristes, dubitación, concentración y, finalmente, “El día de hoy”.

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Acerca de Le'Bleu

El estridente sonido que causan los que callan es asesino.
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