Muerte.

Estallan los disparos por todos sitios y agacho la cabeza. Corro. Tengo el arma en la mano y el uniforme verde, he perdido el casco pero no es suficiente… no es suficiente para huír; sin embargo, aprecio mi vida. Mi esposa me espera y me veo envuelto en una guerra que yo no inicié, si la cobardìa me salva el día de hoy, pues que así sea.

Tembloroso, algo detiene mi escape. Una fuerza mucho mayor a la mía me domina totalmente, me hace caer al suelo y me empiezo a sentir cada vez más insignificante. Gritos cargados de odio y saliva revientan en mi rostro y me veo obligado a volver a las filas. Nuevamente, me veo frente al enemigo, cada vez con más temor de morir. Me siento estúpido, pero no quiero morir.

Oigo gritos, estos no son como los de mis padres cuando ponían en cuestión la importancia de mi existencia para sus vidas económicas, ni como los de mi amada cuando discrepaba con mis opiniones. Todos estamos asustados, pero me rodea gente que ha aceptado su destino.

Para mi patria, ¿cuanto vale mi vida? Una lucha de seres irracionales movidos por los deseos de aquellos a quienes alguna vez llamamos padres patrios. Esta gente no tiene, de ninguna manera, nociones paternales. Al final, veremos cuantos de nosotros sobrevive y aquellos que lo hagan reciben una medalla. Mi vida vale una medalla. luego, vuelvo a la batalla.

Pero no me queda de otra, ese hombre puede ser esposo como yo, ese otro podría ser mi hijo. Les miro los rostros enfurecidos disparando por todos sitios. Me arrodillo, porque sé que no puedo correr. Veo gente que podría ser mis amigos de confianza morir por satisfacer intereses de quienes ni siquiera se han dignado a aparecer hoy. Perdona mi alma, Dios.

Hoy soy uno más, tanto mi vida como mi muerte no valen más que una condecoración. Todos somos la misma bestia; me levanto. Hoy no hay miras al futuro, solo quiero besar a mi amada una vez más. Quisiera hacer una familia, quisiera comer helados, quisiera salir a ver una película a la media noche… Dios sabe cuanto quiero ir al cine de media noche. Un poco de comida y una conversación feliz, mi cena perfecta de todos los días se opaca por culpa de esta mierda.

Hacemos todos lo mismo. Corremos, disparamos, gritamos, lloramos. Todos lloramos. Caemos uno a uno, caemos, disparamos, gritamos, caemos. Un baño carmesí repentino invade mi entorno y mi visión se nubla totalmente. Caigo al suelo, caigo como muchos otros. Quisiera salir a bailar con mi esposa, nunca fuimos juntos a una fiesta. Ya no escucho los gritos, ya no veo gente muerta. Hoy mi vida no vale una medalla, no… Hoy mi vida vale una munición.

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Acerca de Le'Bleu

El estridente sonido que causan los que callan es asesino.
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2 respuestas a Muerte.

  1. Hace tiempo que no hacías un post como este, me gustó bastante. Se siente el espíritu de los horrores de la guerra, del arrepentimiento, etc. Esa es la historia del mundo, dios quiera que nunca tengamos que pasar por una guerra estúpida y absurda donde se entregan tantas vidas por algo insignificante.
    Pero viendo el mundo con una visión global, nuestra vida vale demasiado poco. Me has hecho pensar sobre eso y sobre como somos nosotros los que le damos el valor a nuestras vidas, si perdemos eso, estamos a un paso menos de la muerte.

    • Le'Bleu dijo:

      Sí, en realidad el valor que le dan otros a nuestras vidas es bastante nulo. Para los sicarios valemos 100 lucas, para los jefes valemos un sueldo y así… al final el valor que realmente importa es que el que le da uno mismo (y sus amigos) a su vida

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