El mundo de la perfección.

De niño quería estudiar ciencias de la salud. Pensaba en carreras como doctor, veterinario, psicólogo u otras. Lo que pasa es que, al igual que todos los niños (puros de corazón hasta llegar la corrupción a sus vidas), yo también deseaba ayudar a las personas. Nadie quiere morir siendo un inútil ni mucho menos vivir siéndolo; todos tenemos metas y una de ellas es ser feliz.

Pero a esa edad mis píldoras de felicidad eran distintas. Llegar a casa a jugar en el Play Station con Juan (aunque siempre me ganaba [pero sólo en los juegos de fútbol {aún me gana en esos}]), comer algo rico, el cariño de mis padres, la media hora diaria de Paint en nuestra potente Windows 98, que, dicho sea de paso, funciona hasta hoy con XP.

Pero siempre fui un niño ligeramente autista. Muy a parte de mis 3 o 4 amigos de barrio, odiaba a gran parte de la gente del colegio. No me molestaba aprender, recuerdo ser de esos chicos que sacan buenas notas, pero todos los otros niños no me parecían divertidos. Eso de ir a fiestas lo detesto desde pequeño. Me gustaban los dulces, los juegos, las luces de colores, pero odiaba bailar; aún lo odio. El punto es que prefería quedarme en casa antes que ir a un lugar en el cual tanto niños como padres te veían mal por no bailar, para colmo te hacían pasar roches.

En síntesis, no me gustaba el contacto con otros niños salvo aquellos que de verdad hacían lo mismo que yo y podían entenderme. Nunca hice amigas, al menos amigas realmente no hasta cuarto o quinto de primaria. No tuve una novia real hasta fines de segundo de secundaria y no dejé de desear estudiar alguna de las carreras de salud hasta ese grado, por ahí de los 13 años. Aunque a veces quería ser bombero, al menos hasta que me dijeron que no te pagaban por ello.

Tal vez estoy abriendo mucho contexto para algo aparentemente simple de contar. Pero decir las cosas rápida y cortantemente nunca ha sido mi estilo y quiero creer que si hay alguien ahí leyendo esto, no está buscando otra cosa sino mi estilo (así que dudo que mi profe de Comprensión y Producción de Lenguaje 1 desee estar aquí).

Variaré, entonces, drásticamente el tema de este post para tocar un momento el tema objetivo.

Mi habitación siempre ha estado conmigo en la mayoría de mis momentos felices. A veces, me gusta dejar las cortinas abiertas y dejar la puerta cerrada, concentrarme en la música y ver cómo el sol va opacando la iluminación. Es bonito porque siento que sabe cómo me gusta que todo se vaya oscureciendo, cómo el brillo de mis ojos (o de los ojos, en general) se va apreciando cada vez un poco más. El ambiente se vuelve bastante fuera de sitio, las cosas grandes parecen pequeñas y las pequeñas se vuelven inmensas. Los tonos azules se ven más bonitos de lo normal. Todo es más bonito cuando mi cuarto se oscurece. Las siluetas me fascinan; mi guitarra, por ejemplo, tiene una bonita silueta.

Recuerdo a Kiry ronronear cuando la luz ya era tenue. Lo poco que se filtraba de la luna y el sol por mi ventana hacía que sus ojos brillen de maneras preciosas. Cuando los cerraba, me transmitía una paz interior que no siempre siento. Un poco de música suave en bajos tonos y algo de optimismo hacen de la tarde uno de los momentos más nostálgicos de mi vida. Pero me encanta el ambiente.

Sin embargo, llevaba bastante tiempo sin estar en esta situación. Últimamente prendía la luz o simplemente se me olvidaba apreciar mi momento favorito del día por estar ocupado haciendo otros planes. Pero ayer recordé por qué amo el atardecer.

¿Por qué ciencias de la salud? Hay muchas otras formas de ayudar a las personas. Cuando era niño, me hablaron de cómo estuve a punto de morir al tener 3 años y de lo oportuna que fue la actuación de un doctor para salvarme. Me dijeron que si no fuera por ese señor, la felicidad no tendría sentido. En mi mente de infante, entendí que la felicidad solo se obtenía salvando vidas y quienes se encargaban de salvar vidas eran los doctores. La felicidad desde mi punto de vista entonces era que debía ser quien salvaba a los hijos de los demás para llevar felicidad por el mundo. No estaba tan mal, el concepto de la felicidad del otro como parte de la propia aún lo conservo.

La oscuridad de mi cuarto siempre ha sido hermosa, creo que no me cansaré de decirlo. Aunque hay muchas cosas encerradas en la hermosura de una situación hermosa. En el atardecer, hay melodías. En las melodías, hay voz. En la voz, hay pasión. En la pasión, hay amor. Pero, por sobre todas las cosas, en el amor, está mi felicidad.

Contextualizando el inicio de este post, hubo una época de mi vida en la que noté que los doctores no eran necesariamente los dueños de la felicidad próspera, sino el amor. Y ese sentimiento solo puede vivirse con alguien más que tú mismo. Tu familia, tus hermanos, tu mascota, tu pareja.

Cuando todo está oscuro, tu visión se reduce. Entonces, solo los objetos que están cerca a ti pueden distraerte. Cuando todo está oscuro, en mi cama solo puedo ver aquello que está en mi cama, nada más me distrae. Cuando todo está oscuro, las posibilidades de hallar soledad aumentan considerablemente. Al fallecer Kiry, me di cuenta que esa soledad se hacía más frecuente. La soledad es acosadora, atacante, poderosa… No lo suficiente como para arruinar las felicidades que tengo, pero es poderosa. Cuando todo está oscuro, pensaba que la ausencia de Kiry me condenaba a estar solo en mi habitación siempre. Pero mi vida está llena de sorpresas.

Mi cuarto tiene pintura azul dividida en dos tonos. Una parte es de un azul oscuro y la otra es más celeste. Es para un juego de luces que, dicho sea de paso, combina muy bien con el atardecer. Hace que el azul sea masivo, que incluso el aire que respiro esté cargado de azul y amo la tonalidad que adaptan las formas.

Mi habitación siempre ha estado conmigo en la mayoría de mis momentos felices. Me gusta mucho las historias que están encerradas aquí.

Ayer recordé por qué descubrí que los doctores no son dueños de la felicidad. Mi amor tiene una presencia muy potente que genera la verdadera historia maestra de este dormitorio.

El tacto del ser humano es capaz de captar las texturas físicas, pero hay algunas que están más allá de todo concepto terrenal. Cuando mis manos contornearon el rostro más hermoso que han tenido el placer de tocar, me di cuenta que me encontraba en presencia de un ser que iba en contra de todo mi concepto de realidad. Descubrí, entonces, que lo fantástico también es tangible.

Cuando todo está oscuro, solo estás en presencia de lo poco que te rodea y que entra en tu campo de visión. Pero a veces la oscuridad de la tarde no es suficiente para presenciar la perfección. Cerré mis ojos, escuché la música y dejé que mis instintos me transportaran al mundo de la perfección.

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Acerca de Le'Bleu

El estridente sonido que causan los que callan es asesino.
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2 respuestas a El mundo de la perfección.

  1. Yo no soy Kiomi dijo:

    Lo amo

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